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Lo recibi por correo y lo comparto:No es lo mismo ser adulto mayor que sentirse viejo
La modernidad —los benevolentes dicen que la ciencia— nos impone ciertos eufemismos que algunos no asimilamos.
Yo no me adapto a ciertas terminologías, y cuando salgo de casa cada noche, no digo que voy hasta la esquina a jugar dominó con los adultos mayores, sino con los viejos del barrio.
Pero la expresión se ha impuesto y casi me resigno a ella.
No es lo mismo ser adulto mayor que sentirse viejo.
La frontera entre la adultez y la vejez no se percibe con tanta nitidez como entre la niñez y la adolescencia.
En mi caso, por ejemplo, tuve noción de mi pertenencia al grupo etario de los adultos mayores cuando una mañana, en la cola del pan, me sorprendió la pregunta de aquella escultural veinteañera que parecía haber sido cincelada por Fidias: ¿Usted es el último, abuelito?
Miré a mi alrededor y quedé impactado. No sé si balbuceé un sí, o si asentí con la cabeza. .
De nada hubiera valido que le mostrara el carné de identidad y le recordara que el Diccionario de la Real Academia de la lengua española define que comúnmente puede entenderse que es vieja la persona que cumplió 70 años; o que le explicara que con la precocidad reproductiva de los nuevos tiempos hay abuelos de menos de 40 años.
No oculto mis 67 noviembres y cuando después del cuarto o quinto vasito de Havana Club me provocan aludiendo a mi edad, recurro con cierta fanfarronería a aquello de ¡que me quiten lo baila’o!
Comprendo, sin embargo, a quienes, como mi cuñada, hacen malabares para no confesar su edad. Y digo así porque esconden tan celosamente ese dato que solo lo revelan cuando se les exige en un trámite oficial.
La vejez hay que asumirla con dignidad, no con resignación; con alegría, no con desesperanza; con espíritu de lucha, no de derrota.
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(Justo Calvo Peinado,fragmento)
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En alguna forma muchos nos vemos reflejados en estas palabras y con cierta sonrisa leemos el texto expuesto.!!!!!!
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Martha
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